Fem Art 07
Desde el interior de la cocina un olor inconfundible y penetrante inunda el ambiente, unas lágrimas sin pena como decía Pablo Neruda en su “Oda a la cebolla” resbalan por las mejillas de quienes cortando este vegetal, provoca lo inevitable, llorar. Cuántas veces lloramos en nuestra vida, y guardamos en ese llanto la comprensión de lo inexplicable. Estas lágrimas sin pena son las redentoras de muchas de nuestras actuaciones, tanto en las ocasiones directas como en las indirectas. Todos hemos hecho llorar a alguien alguna vez, y nosotros mismos nos hemos consolado pensando y , cómo no, aceptando la sabiduría popular que ha pesado durante generaciones: Bueno, bueno, ¡que no es para tanto! Ya sabes que… “Quien bien te quiere te hará llorar”. Semejante estupidez no podemos aceptarla, y por eso propongo que estas lágrimas sin pena nos lleven a reflexionar y perdonar a aquellos que nos hicieron llorar alguna vez.